Yo me voy al Manzanares, al Estadio Vicente Calderón...

domingo, 21 de marzo de 2010

Nuestro niño


El sentimiento rojiblanco es algo único y especial, incapaz de expresar con palabras. Algo que una vez se coge no se suelta. Algo que una vez comienza no desaparece. Y si hay una persona capaz de representar cómo es dicho sentimiento, ese no es otro que uno de los mejores talentos que ha dado el fútbol en los últimos años. Un chico que rechazó la gloria por triunfar con la rojiblanca y que no se dejó persuadir tan facilmente por los suculentos millones ni el repudiado prestigio.





Aún recuerdo con claridad la primera vez que vi al por entonces aquel imberbe y pecoso delantero fuenlabreño. Coincidió con la primera vez que fui al Calderón, en ese fantástico día de Noviembre de 2001. Contra el Poli Ejido, nuestro Fernando Torres exhibió su gran desparpajo, clase y habilidad que a posteriori no pasarían desapercibidos. Ni siquiera habían pasado seis meses desde su debut con el primer equipo, pero con el '34' a la espalda y apenas 17 años, lideró a nuestro equipo en su vuelta a la categoría de Oro de nuestro fútbol y allí fue dónde comenzó su fulgurante consagración. Parece que fue ayer cuándo formó aquellos duetos junto a jugadores de la talla de Diego Alonso, Nikolaidis, Paunovic o Kezman, a los que terminó eclipsando sin apenas despeinrse. Año tras año, con tanto tesón como constancia y tenacidad, el magnífico punta fue superándose día a día hasta llegar a capitán e ídolo absoluto de la afición rojiblanca.






Anda que no habré mantenido discusiones con Quique, su mayor valedor que he conocido nunca, acerca de su rendimiento, en ocasiones mediocre en contados momentos. Aunque hay que reconocer que su magia la gran mayoría de las veces terminó por callarme la boca. Debido por supuesto a su compromiso con el equipo, por el que hoy día a buen recaudo se jugaría la vida, y con la afición, que siempre le mimó y guió hacia el más profundo éxito. Prueba de ello fue que el gol aquel que anotó frente al Real Madrid a orillas del Manzanares en cierto partido de 2006 del que muchos madridistas defensores del Villarato no quieren acordarse fuese escuchado en kilómetros a la redonda. Cuántas tardes habrá levantado al Estadio. Cuántas tardes nos habrá obligado a desgañitarnos con el '¡Feernando Tooorres, lolololololo Feernando Tooorres!'. Cuántas tardes nos habremos encomendado a su persona. Cuántas tardes nos habremos sentido orgullosos de él. Dependientes de él. De su desparpajo y habilidad que en tantas ocasiones nos ha hecho llegar a lo más alto.




Por todo ello ni siquiera puede llegar a reprochársele el hecho de que abandonase el barco un funesto día de Julio de 2007 rumbo a Liverpool. Las constantes evasivas a equipos como el Madrid, eterno rival de nuestro estimado Glorioso, con sonados esquinazos pese a las presiones de los medios de comunicación o jugadores como Casillas o Ramos, Chelsea, cuya milmillonaria oferta ni siquiera inmutó el pequeño corazón de nuestro protagonista, o incluso del Barça, debido al incansable deseo de Fernando de triunfar con la rojiblanca, de hacer vibrar a toda una grada y de por fin poder volver a ver a su equipo como lo que es, como uno de los grandes del mundo, únicamente sirvieron para acrecentar el sentimiento popular de que Torres merecía algo más, de que podría triunfar en otro sitio en el que poder aspirar a algo mejor para poder luego volver como el héroe que a orillas del Manzanares es considerado. Entre lágrimas, dejó atrás toda su vida anterior, todos sus sueños, para firmar curiosamente con otro equipo que, como el suyo, se había convertido en un león herido, el 'Spanish Liverpool' de Rafa Benítez, y de paso poder ingresar casi 40 anhelados millones a las arcas rojiblancas, que por su parte servirían para que nombres como los de Simao o Forlán se convirtiesen en realidad colchonera. Entre lágrimas, nuestro Niño se marchó sin olvidar sus orígenes, con la cabeza puesta en un retorno no muy tardío. Entre lágrimas, todavía escucha desde su casa de Inglaterra los gritos desenfadados de una afición que le quiere más que a nada, de una afición que tocó la gloria cuando un 29 de Junio de no hace tanto la máxima expresión personificada de su equipo logró que todo un país formase parte de un hito que no se vivía desde hacía ya casi 50 años.




Y la hinchada colchonera no escatima en devolverle el guiño, esperando con ansia la vuelta de Torres, del '9' del Atleti, el Liverpool y la selección, de uno de los mejores delanteros del mundo. Con la única (y existencial) duda que supone el preguntarse cómo sería ahora la vida en el Calderón con esa magnífica dupla formada por un Agüero cuya calidad habría llegado a su punto álgido y nuestro Fernando. Nuestro Niño.