Yo me voy al Manzanares, al Estadio Vicente Calderón...

miércoles, 28 de abril de 2010

Deseos con doble cara

Si hay algo que caracteriza a nuestro preciado equipo es su constante vaivén entre apegos y desengaños, entre crecidas y estiajes, entre momentos de fantástica gloria y otros de la peor de las impotencias. Un sube-baja contínuo que no deja lugar siquiera a una tranquilidad momentánea y que le hace ser imprevisible por excelencia. El club tiene dos caras totalmente contrastadas, y en ningún instante se puede deducir cuál será la que vaya a exhibir. Pasa de ser nuestra vida a nuestra muerte y viceversa en efímeros segundos de falseado éxito o funesta desgracia, transcurriendo por un melancólico devenir en la calle de la irregularidad más incertidumbrosa. Dicho rango va de su mano, aunado a su grandeza y admirabilidad, y le acompaña allá donde va sin soltarle un segundo. Es lo que nos hace impredecibles, incoherentes, lejanos a la confianza y petulancia. Lo que nos hace mágicos.









Y, por suerte para nosotros, el pasado Jueves ante el Liverpool en el Calderón nuestro Atleti mostró la cara que nos hace esta más orgullosos, más exaltados. La misma que lleva presentando durante toda la Europa League (y la Copa del Rey, claro) y que nos ha hecho llegar a las semifinales y rozar el éxito. Impulsado por la afición (bendita sea), el equipo se evangelizó e hizo de ese grande que, le pese a quien le pese, continúa siendo. Todos y cada uno de los jugadores que saltaron al terreno de juego expusieron su lado más extraordinario, su lado que en muchos creíamos no volveríamos a ver a orillas del Manzanares. Con un Raúl García que mutó en aquel que sorprendía a tantos en Osasuna, un Jurado reminiscente de aquel joven gaditano incansable y eléctrico, y un Perea que recuperó toda esa contundencia y seguridad que parecía perdida un par de años atrás tras el interés que mostró en su contratación el Real Madrid (siempre por medio), junto a la desvivencia de Forlán, el derroche de calidad de Reyes, la transformación de Ujfalusi en Messi o la pletórica casta de los Assunçao, Domínguez o Simao, el Atleti dio un autético recital de fútbol del bueno y se merendó por completo a todo un campeón de Europa (venido a menos, eso sí), y con ello a hombres como Kuyt, Mascherano, Carragher, Gerrard, Benayoun y compañía. Todo iba sobre ruedas, el equipo carburaba, se entendía, sin asemejarse para nada a aquel equipo que paradójicamente caía en el mismo sitio apenas una semana antes contra el colista de la Primera División.








Así las cosas, si no se llevaron los 'reds' un saquito de vuelta a Inglaterra fue únicamente porque Reina no quiso. Un solitario gol de Forlán (que bien puede valer una final) fue un premio más que escaso para un Atleti que se gustó y clarificó su juego e imagen ante un público habituado a la anomalía más infructuosa. La gente abandonaba el estadio con sabor a triunfo, a anhelo, a satisfacción Dios quiera que perpétua. La renta (y más teniendo en cuenta el carácter del Glorioso) no era ni mucho menos suficiente para alcanzar la primera final de la historia continental moderna (no tengamos en cuenta la Intertoto del 2007) de nuestro equipo. Pero si es esperanzadora, ilusionante, porque de eso vivimos muchos, de deseos que pueden trascender a algo más o no, pero cuya identidad perdurará siempre. De intrinseas pasiones como el pensar que mi Atleti volverá a ser mi Atleti en Anfield mañana por la noche. Ese Atleti tenaz, convincente, que nos haga alcanzar lo más alto. Que nos haga reírnos de todos nuestros detractores, de aquellos que con sus mofas han alimentado nuestro insaciable paladar. Para que el día 12 de Mayo de 2010 podamos al fin demostrarles lo equivocados que estaban dándonos por muertos desde hace tanto tiempo. Y sobretodo, para que por fin podamos alzar un trofeo que se nos resiste desde hace ya tantísimo tiempo. Pero eso sí, ofreciendo nuestra mejor versión, la del héroe celestial: la del coraje y el pundonor.