El
Atleti se plantó ayer en una final de la Champions por segunda vez en su
historia tras exhibirse sobre el verde de Stamford Bridge ante el Chelsea de
Mourinho. Otro paso más hacia la gloria. Otro éxito en la interminable lista
del Cholo que desataba la euforia del sentir rojiblanco. Porque, después de
años de sinsabores, un bendito regalo de Buenos Aires lo ha cambiado todo para
llenar de alegría la vida de una afición que llevaba décadas soñando y que se
merece todo y más.
Pero
ahora el Cholo ha cambiado las tornas. El Atleti ya no es aquel patito feo del
que todo el mundo se reía. No es ese equipo al que le destrozaban sus
aspiraciones con un gol en el descuento, ni aquel al que desvalijaban cada
verano sin que a nadie pareciese importarle. Tampoco es carne de cañón en los
derbis ante el eterno rival. Ni ese equipo que se hubiera quedado fuera de la
final de Lisboa tras el gol de Torres, colchonero de cuna y al que le dolió más
que a nadie solo pensar que con su tanto pudo dilapidar el sueño rojiblanco. Hoy,
hay una comunión perfecta con el entrenador, que simboliza a la perfección lo
que es este sentimiento. Como lo hace el capitán Gabi. Y también otros como
Tiago, que lloró a mares tras aquella funesta final de Copa en Barcelona ante el Sevilla. Como toda la plantilla, que rema de la mano hacia el éxito. Hoy, el
aficionado rojiblanco no tiene que aguantar mofas. Sigue a rajatabla el partido
a partido, el final a final, el minuto a minuto, el segundo a segundo y lo que
surja. Ha cambiado el discurso infundado y fanfarrón de muchos por la cautela
más cholista. Ya no llegan Patos
Sosas, Fabianos Ellers, Jorges Larenas ni Álvaros Novos. Tampoco estrellitas que se desinflan como la
Coca-Cola en cuanto pisan el Calderón. Ahora, el que viene se deja en el campo
hasta el último rescoldo de su alma.
Ahora,
el Atleti es el Atleti. Ahora gana finales. Ahora cierra más bocas que nunca.
Ahora es capaz de vencerle la Europa League en Bucarest al mejor Athletic de
Bilbao que se recuerda y de llevarse la Supercopa de Europa ante el mejor
equipo del mundo. Es capaz de campear, de mantener siempre la intensidad hasta
el último segundo, de sentirse fuerte, de sentirse grande, de competir como nadie. Es capaz de
levantarle la Copa del Rey al eterno rival en su propia casa y en su propia
cara... y de repetir gesta en Liga solo cuatro meses después. Capaz de romper
esquemas, de resquebrajar hipótesis y conjeturas, de evidenciar que las cuentas
no sirven para nada, y que para ganarlos, los títulos antes hay que disputarlos.
Capaz de desarbolar en poco más de tres meses a cuatro campeones de Europa en
la máxima competición continental: Oporto, Milan, Barça y Chelsea. De demostrar
día sí y día también que partido a partido se forjan las leyendas. Le pese a
quien le pese.
Ahora,
el hermanito pequeño ha crecido. Se ha hecho grande, fuerte, difícil de vencer,
y siempre dispuesto a ganar, ganar y volver a ganar. Ha vuelto al lugar que merece, de la mano de un hombre que lleva casi la mitad de su vida
vinculado al sentimiento y de jugadores que lo viven como los que más (y que
si no lo hacen, al menos lo disimulan muy bien). Y con Luis Aragonés de guía
desde el cielo. Porque eso es el Atleti. Lucha, trabajo y corazón, mucho
corazón. Valores implícitos en el ADN del Cholo y su grupo humano. Ahora, el
hermanito pequeño se ha hecho colosal. Más colosal que nunca.
Fotografía: Eurosport.com

